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"PET SOUNDS" Y LA SAGA DE BRIAN WILSON
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A más de treinta años del
lanzamiento Ante este hecho, Rodrigo
Zúñiga C. |
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Porque, en efecto, la primera impresión que se tiene de este acontecimiento es que pareciera pretender hacer justicia, reparar una equivocación que se ha venido produciendo en el nada despreciable lapso de los últimos treinta años. Esta equivocación se traduciría en el hecho de que el público auditor, el consumidor de música pop, no ha comprado el disco de los Beach Boys, o al menos no lo ha convertido en un éxito fulminante, cometiendo algo similar a un sacrilegio: una vez más, el genio cae en la incomprensión de sus contemporáneos y debe pasar más de un cuarto de siglo para que el resto del mundo se dé cuenta de lo nublado que estaba su juicio. Ahora bien, tampoco es de extrañar, creo yo, la publicación de estas sesiones, o de parte de ellas, en tres discos compactos (sin contar "The original mono mix, remastered in 1996" ). De hecho lo que se hace no es más que seguir el ejemplo de la "Antología" de los Beatles de hace dos años, que, después de todo, resultó ser una experiencia bastante interesante y luminosa. Entonces, uno puede pensar que la necesidad o el ansia de los Beach Boys por darse a conocer a la generación actual, asidua consumidora de música rock y pop, resulta perfectamente legítima. A decir verdad, ese tema (que se oculta detrás de los implícitos reproches al interés monetario que subvertiría la angélica devoción al arte), el de la relación de la música popular con el contexto cultural o el de la performatividad instrumental y económica de la industria de la música como control social, alude a una dinámica de equívoca complejidad simbólica (en cuanto agonística del lenguaje) a la que en ningún caso pretendo acudir en este minuto. Mi pretensión, en realidad, es detenerme apenas en algunos de los supuestos, algunos del todo deliberados, que se presentan en este retorno tan paradojalmente predecible.
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La
leyenda señala que "Sergeant Pepper" |
La leyenda que rodea a la realización de "Pet Sounds" es casi tan famosa como la que se cierne en torno a lo que fue la creación de "Sergeant Pepper" -y, dicho sea de paso, complementa a esta última, la inspira y la refleja. Brian Wilson, el sensible y creativo desequilibrado de la historia, se encierra en su casa y compone la música que, en sus palabras, lo acercará a Dios y a la paz del universo. Esta aura de iluminación divina que se supone transformó a Wilson durante su tarea debe ser uno de los primeros y más fuertes mitos que registra el imaginario de la música pop (1). También es llamativa la contundencia de los juicios que proclaman su incondicional amor por el álbum, en especial viniendo de compositores 'competidores', como es el caso de Paul McCartney. Según David Leaf, uno de los co-productores de este relanzamiento e importante miembro de la corte Wilson, en 1966 McCartney llamó a "God Only Knows" "the best song ever written". Los especiales televisivos y radiales que a veces se ocupan de "Pet Sounds" insisten en hablar - en concordancia con las opiniones de Brian Wilson- de influencias de Bach, de coros celestiales, de nuevas percusiones y sonidos inéditos para la tradición de la música popular, de búsquedas místicas y amores sagrados. Tenemos, pues, entre manos, casi el eslabón perdido, el héroe anónimo que daría un magistral impulso a la creatividad sicodélica de mediados de los sesenta, pero que fue desplazado por el éxito y fama de los Beatles y de "Sergeant Pepper". De acuerdo a George Martin "se hizo pensando en igualar a Pet Sounds ", y que, concluye la leyenda, provocó a Wilson tal conmoción en su ya precario estado de salud mental que no podía dejar de escucharlo una y otra vez, alienado como estaba en esos extraños parajes de la imaginación vedados para el resto de los mortales, inquiriendo razones incomprensibles. Ahora bien, si nos remitimos al álbum mismo, tal vez podamos situar y tratar de entender algunas de las exorbitantes opiniones antes esbozadas, por cuanto es claro que no pocas veces, en la estima u olvido que los auditores propugnan a sus ídolos, hay detrás un importante dejo de mecánico asentimiento respecto a lo que "dice la historia" ( y sabido es que los relatos ortodoxos de la Historia se hallan en descrédito, en favor de las lecturas críticas y las subjetividades contextualizadas).
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La "debilidad" rítmica (disculpando de nuevo los epítetos tan simplificadores de vigor anatómico), por supuesto, se articula en razón del claro predominio melódico. Y he aquí lo interesante de Brian Wilson compositor, porque su perspicaz inventiva realzó los procedimientos que el trabajo en el estudio, la producción musical, le permitían en aquella época. La audición del álbum, entonces, puede darse no según los siempre sospechosos parámetros de la anticipación y el hito histórico, sino según el gesto embrionario de una búsqueda de nuevas modalidades de producción para la música pop. Lo lamentable, aunque lógico por otro lado, es que dicho gesto no se haya producido nunca bajo la forma del diálogo con otras propuestas más avanzadas, o si se quiere más audaces, como el 'free' o el 'cool'-jazz o el enorme y diverso ámbito de la música contemporánea post-webern, post-serialista. La lógica de esta carencia se acoge en la triste realidad de la insípida y auto-aduladora 'reflexión' que proveen los intérpretes y los opinantes de la música pop, mucho más próximos a sus apocalípticas sentencias respecto al 'mejor álbum' o 'la mejor canción' o 'la mejor banda de la historia' que a una revisión crítica y bien contextualizada del momento histórico que vio nacer este tipo de fenómenos, y la tradición popular que los enmarca y determina.
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¿Qué hay detrás, entonces, de este relanzamiento de "Pet Sounds" treinta años después? ¿Cómo podemos leer esta intención casi de resarcir un "olvido" (aunque siempre presente) injusto? ¿Qué tipo de lecciones se pueden obtener, un cuarto de siglo más tarde, de este álbum? ¿Qué cambios se han sucedido en cuanto al equipamiento y disposición creativa de las bandas? ¿Y en qué medida el mercado consumidor se ha diversificado, a la par de su sostenido crecimiento? En tanto hito fundamental, la fama de 'antecedente' que ronda a este disco de los Beach Boys se ha dimensionado con singular exageración. Es verdad que quizás determinó muchas cosas que luego siguieron en su misma línea -de hecho puede sugerirse que muchos de los grandes grupos de rock masivo, de todas las épocas y lugares, han contado con una considerable creatividad melódica bastante respetable: de los Beatles a Génesis, de los Talking Heads a The Police o Seru Girán - pero es evidente que la música no nació con el rock, y que, además, la historia del rock no es 'una sola': en efecto, estos criterios de valoración se presentan con tal desparpajo que actúan y determinan jerarquías como si nunca hubieran existido músicos como Frank Zappa, o Miles Davis, o Fred Frith, o toda la corriente del 'Rock in Opposition' y los múltiples cruces entre distintas tradiciones musicales (la hibridación). Bajo este punto de vista, el peligro hegemónico del rock masivo y la música pop resulta determinante para la estereotipada visión de las prácticas sociales y para toda suerte de paradojas señaladas y resueltas según el extraño fermento del poder económico. ¿Cómo puede uno confrontarse con toda la saga legendaria que aúna la creación de "Pet Sounds" con la de "Sergeant Pepper", la personalidad de Brian Wilson con la de Paul McCartney, la memoria de una época plena de creatividad y de misticismo, el tiempo inaccesible del ayer? Más vale hacerlo con los ojos bien abiertos y con una buena cuota de cautela y suspicacia, sin olvidar en ningún momento que la experiencia de la audición (como sujeción a una práctica de poder y/o como instancia problematizada de la diferenciación cultural) no concurre como experiencia de la magnitud inocente salvo cuando se trae, disimulado, algún mal signo entre las manos. |
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PosIt Links |
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http://www.cs.umd.edu/users/dabe/CDs/Discs/beach.boys_pet.sounds.html |
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Plataforma de aterrizaje | |
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1,54 Mb | |
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WinPlay3 |
187 Kb |
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Nota de copyright: Las imágenes de la portada de Pet Sound Sessions y de Pet Sounds de 1966, así como las canciones aquí presentes, son propiedad del sello "Capitol Records Inc.". Las de la edición de vinilo, pertenecen al sello "SubPop". Tanto las canciones como las fotos, fueron utilizadas aquí sólo con propósitos educacionales e informativos.
(1) En la notas previas a la
edición de 1990 de "Pet
Sounds", Wilson recuerda que
" ...just before we did God
only knows, Carl and I had
prayer sessions asking the Lord for guidance and maximum love vibes
for this crucial single. It was the first time that anyone ever used
the word 'God' in a commercial song... at least this is what we were
told. During the production of PET SOUNDS, I
dreamt I had a halo over my head. This might have meant that the
angels were watching over PET
SOUNDS."