Escoliosis

 

Columna de opinión

Desafíos de credibilidad

Los medios electrónicos tienen
una gran tarea: la de transformarse en
medios serios y responsables, que sean
una alternativa de información,
entretención y educación a los
medios tradicionales.

Por Carlos Zwight

 

 

 

 

ExtraEl capítulo se trataba, más o menos, de lo siguiente. El popular personaje de tiras cómicas Garfield conducía un programa que, con argumentos absolutamente falsos y difíciles de creer hasta para el más idiota de los espectadores, trataba de dar explicación a diferentes fenómenos y hechos. Luego de cada una de sus increíbles hipótesis, el anaranjado y obeso personaje de comics norteamericano proponía un "si lo dice la televisión...", a lo que la audiencia, como suele suceder en los espectáculos de Tv, respondía con un obediente y entusiasta "¡debe ser verdad!".

Aunque, finalmente, la audiencia se rebelaba, el regordete felino estaba aludiendo directamente -a su manera, por cierto- a uno de los mayores problemas existentes en la relación entre el público y los medios de comunicación: a saber, el escaso poder y/o grado de cuestionamiento que tienen las informaciones y datos que entregan los mass media. Y pese a que este fenómeno no es nuevo (sino todo lo contrario), lo cierto es que se ha ido incrementando con el paso de las décadas. Y, últimamente, con el paso de los meses... 

Por ello, es precisamente en Internet en donde el “si lo dice X, debe ser verdad” ha adquirido más fuerza.

Por extrañas razones, el hecho de que determinados datos aparezcan en la red, ya es garantía suficiente de credibilidad para algunas personas, quienes ni siquiera se plantean la posibilidad de que los contenidos sean, en el mejor de los casos, inexactos.

 

Ni a imagen ni a semejanza

La imposibilidad de un ser humano de estar en todos los lugares y en todos los momentos, dificulta la comprobación de la veracidad de las informaciones que recibe. De hecho, el nacimiento de los medios de comunicación responde -en parte- a esa incapacidad de omnipresencia del hombre y la mujer y a la necesidad de éstos de manejar datos que les ayuden a tomar decisiones correctas. Por estas razones, la publicación del primer boletín trajo implícito un pacto de confianza y de credibilidad entre los públicos y los medios que, pese a que ha sido quebrantado más de alguna vez por quienes detentan el cuarto poder, se mantiene hasta ahora en forma más o menos inalterable.

Sin embargo, ese pacto se ha hecho -a la fuerza- más vital y necesario con el desarrollo de las tecnologías de comunicación. Principalmente, porque la cantidad de información existente y la velocidad con la que circula son tales, que impiden al espectador efectuar un análisis más acabado de todos y cada uno de los hechos, de sus posibles consecuencias y de su ingerencia en nuestra vida y nuestra sociedad. Y, por lo tanto, el proceso de “formarse una opinión” sobre los distintos fenómenos que ocurren diariamente, está determinado por ese “contrato” en que el público delega la responsabilidad de recoger las noticias a empresas especializadas y en donde estas deciden cuáles son las informaciones más importantes, el punto de vista desde el cuál se analizarán para, finalmente, entregar una “realidad de segunda mano”. O, lo que es lo mismo, una realidad mediatizada.

El ejemplo más claro de implementación de las nuevas tecnologías en comunicación es el nacimiento y popularización de las redes informáticas y, en especial, de Internet. La “supercarretera” permite no sólo que la velocidad del flujo de la información aumente, sino también que haya una mayor cantidad de datos a los que podemos tener acceso con sólo un click del mouse (si se me perdona, por cierto, la simplificación casi arrogante del proceso de búsqueda en la red internacional).

Por ello, es precisamente en este medio en donde el “si lo dice X, debe ser verdad” ha adquirido más fuerza. Por extrañas razones, a las que se suma la cantidad de informaciones y su rápida circulación, el hecho de que determinados datos aparezcan en la red, ya es garantía suficiente de credibilidad para algunas personas, quienes ni siquiera se plantean la posibilidad de que los contenidos sean, en el mejor de los casos, inexactos. Eso, pese a que todos sabemos que esos datos son puestos en el ciberespacio por “alguien” que tiene determinados intereses -sacros o demoníacos- en que “algo” se conozca.

Ejemplos de este exceso de confianza hay en todas latitudes. Pero acaso el más emblemático de todos es el del periodista estadounidense Pierre Salinger. El también ex-portavoz de la Casa Blanca durante la época de John Kennedy, señaló en una oportunidad que tenía pruebas concluyentes de que la catástrofe del vuelo 800 de la aerolínea TWA, ocurrida en 1996, fue provocada por un atentado terrorista. Señaló que la fuente era nada menos que un agente del servicio de inteligencia francés. Pero éste admitió que el documento probatorio había estado en Internet durante varias semanas y, finalmente, las “pruebas concluyentes” que con tanto afán pregonaba el reportero, fueron desacreditadas por un investigador especialista en aviación.

 

 

 

 

El desarrollo de los medios de comunicación en Internet es un proceso que tiene, al menos, dos realidades distintas. Por una parte, está la de los "medios tradicionales", que nacieron en un soporte análogo y que hicieron su incorporación al Web.

Boston Globe


Por la otra, está los "medios electrónicos puros"
: es decir, los que nacieron en un soporte binario constituído por las redes informáticas, que fueron diseñados y creados en función de ese soporte y que, por lo tanto, no tienen un pasado -glorioso o deshonroso- como medios de comunicación.

El desafío de los medios electrónicos.

 

Washington PostSin embargo, los temas que hemos venido tratando sobre el pacto de confianza y credibilidad, la imposibilidad práctica de comprobar la veracidad de los contenidos, además del que se refiere al “rumor” o informaciones de dudosa procedencia y no comprobadas, adquieren ribetes más dramáticos (y, por qué no, más peligrosos) cuando nos acercamos a la realidad de los medios electrónicos.

En los últimos meses, cientos de revistas, radios y canales de televisión on-line han aparecido en la red y se espera, de hecho, que crezcan como mala yerba en la Internet. El problema se presenta cuando, debido a la avalancha de datos que podemos obtener de ellos, no tenemos la posibilidad de determinar cuáles están entregando información veraz y cuáles no.

¿En qué redundará este inconveniente que presenta la necesidad-satisfacción informativa, si pensamos que es problable que, en un futuro no muy lejano, gran parte de las relaciones comerciales, comunicacionales -y quizás hasta las interpersonales- podrían hacerse a través de las redes computacionales?

La respuesta es absolutamente relativa y, por lo menos en lo que respecta al periodismo y al manejo de información, quizás se encuentre en cómo se han ido y se irán desarrollando los medios de comunicación en Internet: un proceso en el cual nos encontramos con dos situaciones más o menos distintas.

Por una parte, tenemos los medios -que llamaremos “tradicionales”- que partieron en un soporte “análogo” -papel, frecuencia radial o señal televisiva- y que han hecho su incorporación a uno “binario” o computacional como lo es Internet. Estos, de una u otra manera, tienen cierta tradición y la experiencia que les han dado “los años de circo”. Son conocidos y, pese a que algunos cuentan con uno que otro pecadillo de juventud o de edad madura, son muchas veces respetados por el público y gozan de credibilidad dentro del concierto internacional de medios de comunicación. Fama que, de no mediar cambios radicales, debieran seguir manteniendo.

Ejemplos de estos mass media tradicionales hay muchos, dentro de los cuales se encuentran los diarios The Washington Post, The New York Times, el canal de noticias Cnn (con su versión Interactive) y la revista Wired (con su web Wired News Online). A nivel iberoamericano, encontramos los periódicos La Nación (argentino), El Mercurio y La Tercera (chilenos); las revistas Proceso (mexicana) y Qué Pasa (chilena) y el canal Chilevisión (chileno).

Todos ellos, gracias al trabajo, a un compromiso más o menos responsable con sus respectivos públicos o, por último, a fuerza de costumbre y de salir periódicamente; se han ganado un espacio de participación en la vida cotidiana de miles de personas, entregándoles los contenidos necesarios para la toma de decisiones, para formación de la opinión personal y, por supuesto, para la entretención y la educación.

Pero la otra realidad está compuesta por el desarrollo de los que llamaremos “medios electrónicos puros”: es decir, los que nacieron en un soporte binario constituído por las redes informáticas, que fueron diseñados y creados en función de ese soporte y que, por lo tanto, no tienen un pasado -glorioso o deshonroso- como medios de comunicación.

Analizados ya gran parte de los antecedentes involucrados, son precisamente este tipo de medios los que tienen el mayor desafío. Debido a los problemas ya expuestos, y sin estar apoyados por la experiencia y la tradición, deberán demostrar que son medios serios, confiables y dignos de la credibilidad que, a veces ingenuamente, ponemos en los mass media tradicionales. Y para eso, quienes publican estos media deberán plantearse, en primer lugar, cuál es la responsabilidad social que les cabe como intérpretetes y analistas de la noticia e intermediarios entre ésta y el público. Más aún si pensamos que la inversión comercial que se está haciendo en la red, puede inspirar el desarrollo de revistas, radios y canales de televisión de corte electrónico que quieran, simplemente, acaparar para sí la mayor parte posible de la torta publicitaria, dejando del todo de lado la función social que, en mi humilde opinión, debe cumplir un medio de comunicación.

Aunque esto último no es un fenómeno exclusivo de los medios electrónicos, si éstos no respondieran al desafío de credibilidad, de responsabilidad con su público y de ganarse el respeto y la confianza de éstos, es muy probable que se desperdicie una gran oportunidad de desarrollo del periodismo on-line: una vertiente alternativa a la existente hasta hace pocos años, que podría entregar beneficios notables en la comunicación a nivel mundial.

Nota de copyright: Las imágenes de los diarios "The Boston Globe" y "The Washington Post" son propiedad intelectual de las respectiva compañías y fueron utilizadas aquí sólo con propósitos educacionales e informativos.

 
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