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¡Prohibido enfermarse!

De todos los problemas que presenta el sistema de salud privado, uno de los más cotidianos y molestos es el del rechazo o reducción de las licencias médicas: el permiso dado por el doctor tratante para faltar por unos días al empleo sin que esto signifique un descuento en el sueldo del trabajador enfermo. Y es que, en materia de la salud del paciente, mcuhos acusan a las Isapres de actuar con un criterio economicista.

Por Claudio Espejo Suazo

 Importante: Lea también el reportaje "Sistema de Salud Privado en Chile: Negocio redondo" de Claudio Pereda-Madrid.

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EstetoscópioCerca de dos millones de personas se enferman cada año en Chile. Las Isapres aprueban, en este mismo período, más de un millón de licencias médicas y el cuatro por ciento son rechazadas. Es decir, cerca de 50 mil. Las rebajas de estos días de permiso médico para ausentarse del trabajo, en tanto, llegan a las 20 mil. El problema, según Asociación de Isapres -gremio que reúne a las Instituciones de Salud Previsional-, es el abuso en que incurren muchas personas que ocupan este derecho sin estar enfermas.

Según explican, todo el dinero que la Isapre destina a licencias médicas representa un 19 por ciento de lo que paga cada una de las personas que está afiliada al sistema. Es esta cantidad la que se deja de invertir en salud. Y de acuerdo a este razonamiento, cualquier licencia que esté mal otorgada o que no corresponda a los días de reposo, de alguna forma va a afectar al resto de los imponentes.

Sin embargo, quienes se ven perjudicados directamente con esta decisión, sienten rabia y decepción. Pero, más que nada, incredulidad. No entienden por qué después de cotizar por años en una Isapre y en el momento que necesitan ocuparla, les rechazan o reducen la cantidad de días de vigencia del permiso.

Pecadillos y pecadotes 

Según el Colegio Médico de Chile, el sistema de licencias tiene una perversidad: un “pecado original”, por decirlo de alguna manera. Y es que se deja exclusivamente en manos de la Isapre la cotización del siete por ciento que, por obligación, debe destinar a salud el usuario.

Colegio médico ha denunciado un trato economicista a los enfermos. Las Isapres replican que hay abuso de licencias.

Pero, además, estas instituciones tienen en sus manos la fiscalización de la licencia y su pago. Esto permite que la institución de salud pueda, unilateralmente, reducir o rechazar cualquier licencia médica, generando así un grave problema.

Es el caso de Marta Vallejos, trabajadora textil que ha cotizado en la misma institución durante seis años. En los últimos seis meses, comenzó a sufrir un estado de neurosis depresiva, diagnóstico hecho al que llegaron dos médicos. Sin embargo, su Isapre rechazó ambas licencias sin siquiera examinarla. Un fenómeno que ocurre frecuentemente, ya que primero la institución deniega el permiso y luego comprueba si el estado de desequilibrio de salud es real.

“Cuando uno está con depresión, se siente como pobre -nos relata-. O sea, en un hoyo. Y cuando, más encima, te rechazan el permiso del médico, difícilmente puedes salir de ese hoyo, porque te das cuenta que quien tiene un poco más de poder, te puede terminar de hundir, sólo porque así lo quiere”.

Según la Asociación de Isapres, la ley da apenas tres días para confirmar la fidelidad de la licencia médica, tiempo en que el que consideran materialmente imposible revisar a un millón trescientos mil casos anuales. Por lo tanto -sostienen- las Isapres deben utilizar mecanismos distintos a la revisión del paciente

Para el Colegio Médico, sin embargo, el reposo de un enfermo no puede interpretarse en forma economicista. “Debe entenderse -señala el viciepresidente de la orden, doctor Luis Castro- como el período en el cual la persona debe dejar de trabajar para así recuperarse íntegramente”.

De hecho, para quien no abusa del sistema, el rechazo previo sin siquiera observar si el cotizante ha sobreutilizado la Isapre, resulta perjudicial e injusto. Marta, por ejemplo, se siente engañada: “Yo les doy extra de mi bolsillo para tener un buen plan de salud porque, si no lo hago, me tengo que ir a un consultorio público por el plan que le corresponde a mi sueldo. No creo que sea una manera justa de tratar a una persona. Es decir, somos todos humanos. Y me siento pisoteada. Lo peor es que no debo ser la única”.

La crítica del actuar de las Isapres, en este tema, también es compartido por el Compin, organismo que debe decidir finalmente si la Institución de Salud Previsional rechazó bien o mal una licencia. Al respecto, el director del Compin Central afirma que “en general, no están bien reafirmados los conceptos de disminuir o rechazar la licencia. Estas decisiones no están bien documentadas o sustentadas. A veces, incluso, el razonamiento es absolutamente arbitrario”.

La opinión de este organismo es apoyada por el Colegio Médico. Según Luis Castro, “lamentablemente, estamos en un sistema en el cual la Isapre, en vez de cautelar la debida integridad y protección de la salud del paciente, empieza a buscar situaciones ficticias o anómalas para, de algún modo, ingeniárselas y reducir o rechazar una licencia médica”.

Según el Compin, casi el 90 por ciento de las licencias que objetan las Isapres no debieron ser rechazadas. La pregunta que surge, entonces, es por qué las Instituciones privadas cuestionan los permisos. La explicación es que estas determinaciones son tomadas casi siempre bajo el prisma económico.

La Asociación de Isapres replica. Dicen que siempre tienen una razón para rechazarlas. En cada caso existe un médico contralor -contratado por la institución para verificar el estado de salud de quien solicitó la licencia- que evalúa los hechos. Además, ponen de manifiesto otro factor que los motiva a cuestionar un permiso médico. “Todos en Chile sabemos -señalan- que existe una verdad oculta pero manifiesta. Muchas veces, las licencias médicas se mal utilizan. Se usan con un fin de tipo social o laboral, más que un problema de salud. Hay precedentes en esta materia que demuestran, por ejemplo, que las mujeres presentan dos o tres veces más licencias que los hombres, para así cuidar a los niños”.

El Colegio Médico contraataca e insiste que, lamentablemente, esto está empañado por lo meramente económico. “La cuestión aquí -dice Castro- es cuánto gasta la Isapre en pagar un subsidio por la incapacidad laboral en los días no trabajados”.

Paradojalmente, el 71,5% de los afiliados aseguró que desea seguir bajo el sistema privado.

Problema de "cálculos"

Así también percibe el tema Fabiola Godoy, a quien encontramos con sus ocho meses y medio de embarazo en las puertas del Compin, reclamando por tercera vez su rechazo de licencias y además, el cálculo inexacto de dinero en el pago de éstas.

“Cuando yo vine a alegar mi primer “mal cálculo” en el Compin se rieron cuando vieron mis liquidaciones. Me dijeron ‘¿sabes?: esto te lo hicieron para ver si era posible engañarte’. Entonces yo pregunté ‘¿y que hubiese pasado si no hubiera podido venir a reclamar?’

Durante su embarazo, Fabiola tuvo síntomas de pérdida y, aunque el reposo era necesario, debió levantarse e ir al Compin para llevar sus exámenes y demostrar que su ginecólogo era serio.

Ella es una de las tantas personas que encontramos en una mañana en el Compin reclamando por sus licencias. Otra de ellas es Rosa Castillo, a quien le rechazaron el permiso del pediatra de su hija, menor de un año, para que pudiera cuidarla.

“Prácticamente la niña tiene que estar muriéndose para que te puedan aceptar la licencia. El médico dijo que no correspondía el rechazo, que la niña tenía que ser cuidada por la mamá y que no podía a estar a expuesta, por ejemplo, a los viajes que debo hacer con ella a las siete de la mañana para ir a dejarla donde la señora que la cuida”.

Al final no le pagaron la licencia y sólo pudo cuidar a su hija porque en su trabajo le dieron permiso para hacerlo.Cuando le preguntamos qué pensaba de lo que había ocurrido, se descargó: “es una estafa porque si tú estás pagando cotizaciones a una Isapre, esta siempre debe responderte”

El problema, según el Compin, es que muchos médicos dan mucho más de siete días a las madres, en circunstancias de que la ley estipula claramente que en el caso de niños menores de un año, es de sólo una semana.

Paradojalmente, y pese a los reclamos que se escuchan en muchas partes, los afiliados dicen preferir, de todas maneras, estar cotizando en este sistema. Sólo el 22,3 por ciento se cambiaría al sistema público conocido como Fonasa (el estatal Fondo Nacional de Salud), mientras que el 71,5% por ciento insisten en seguir con el sistema de Isapres y el 6,2 restante dijo no saber.

Según la Asociación de Isapres, en el sector salud no existen los milagros. Los recursos son limitados. Entonces, obviamente siempre habrá quienes reclamen. Pero aseguraron que, en el fondo, el sistema privado es mejor que el público.

Sea como fuere, esta explicación no convence a la mayoría de los usuarios. Una licencia médica es un respaldo a todo evento para un trabajador enfermo. Una suerte de aval que lo ampara económicamente en su reposo, salvo por un problema: este documento debe pasar el control de la empresa que debe cancelar ese reposo del enfermo: es decir, la Isapre en la que cotiza.

Los vacíos del sistema

Margarita López cayó hospitalizada en febrero por un trastorno depresivo severo. Le dieron licencia médica por quince días, la misma que la Isapre rechazó cuando el médico verificador no la encontró en su casa. Y cómo iba a estar, si en ese momento su estado de salud la había llevado al hospital.

“Me rechazaron todas las licencias. Aún cuando estaba yo en el hospital con tratamiento, con pastillas, con antidepresivos, con documentos que verificaban todas las enfermedades que yo tenía”, señaló.

El trastorno que padece Margarita es de largo aliento y por lo mismo requirió muchos permisos. Sólo uno fue acogido por la Isapre y gracias a la intervención del Compin. Tampoco Margarita estaba de ánimo como para “dejar los pies en la calle” reclamando. Además, no podía andar sola, porque acumulaba en su cuerpo y su cabeza varios intentos de suicidio.

Este ejemplo demuestra que, como otras afecciones, las enfermedades siquiátricas se encuentran dentro del área espinuda de las Isapres, debido a que su tratamiento es menos fiscalizable que otros males. De hecho, encabezan la lista de licencias rechazadas, junto al lumbago y las enfermedades respiratorias.

La siquiatra Nelly Nieto trabajó varios años en convenio con una de las instituciones que funcionan en Chile, pero optó por renunciar cuando sintió que, al momento de evaluar las licencias, pesaba más el criterio del médico contralor que su conocimiento personal del paciente.

ContralorÉticamente, el Colegio Médico ha comunicado a los doctores que trabajan en las contralorías de las Isapres que respeten los diagnósticos de sus colegas tratantes. Sin embargo, es una opción personal de cada profesional. En la evaluación, los controladores suelen solicitar antecedentes adicionales al médico tratante, pero tienen siempre la última palabra, como comprobó con desgracia Margarita López.

“Me atendió Andrea Bahamondes -relató- y su trato fue pésimo. Le expliqué lo que tenía y me dijo ‘¿sólo por eso está hospitalizada?’. ‘¿Por qué, no le parece bien a usted?’ - le pregunté yo. -Si me parece o no es problema mío, porque soy yo la que ‘corto el queque’, me dijo”.

Otro caso es el de Luis Celis, quien tuvo que resignarse a estar enyesado seis meses por una delicada operación en su mano. Este hecho, que ya era bastante problema para él, se volvió más grave cuando se enteró que su última licencia había sido reducida a cuatro días. La Isapre adujo que tenía demasiados permisos lo que, si bien es un hecho real, no considera que la mano del paciente necesitaba de mucho cuidado.

La doctora Nelly Nieto aumenta la polémica denunciando algunas prácticas irregulares en los convenios entre la Isapre y el médico que, de ser efectivas, cuestionarían el recto ejercicio profesional. Según explicó, los doctores deben utilizar un listado de diagnósticos, cada uno con períodos estrictos de licencias determinados por la Isapre, generalizando de esta manera a los pacientes en vez de analizar cada caso por separado.

La denuncia, sin embargo, no ha sido comprobada aún. De todas maneras, queda la duda. Porque el dinero es un elemento muy poderoso que afecta a ambas partes. Sólo basta señalar que el 95% de los médicos trabajan con Isapres y el 40% de los doctores son dueños o socios de instituciones de salud.

Así las cosas, es un hecho que el sistema requiere fiscalización en todas y cada una de sus instancias y protagonistas, para así evitar los abusos de las partes involucradas. De otra manera, es posible que los pacientes se lleven toda la carga de errores o de intereses que tienen que ver más con el dinero que con la salud de las personas.



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