Editorial

 

Contra la corriente

En Chile, cada vez se hace más difícil instalar un medio de comunicación. Sea radiofónico, escrito o televisivo, las dificultades que deben atravesar quienes los editan y mantienen asustan a cualquiera que se haya planteado esta loca idea.

Este fenómeno no deja de ser una paradoja, más aún si consideramos que el país se encuentra en una situación política y económica más o menos estable y que, con el nacimiento de las Universidades Privadas - a fines de la década de los 80-, el número de profesionales del periodismo ha crecido considerablemente. Y con ellos, quizás, la posibilidad de emprender nuevas aventuras comunicacionales. De sólo tres o cuatro escuelas que impartían esta carrera, hoy tenemos entre 33 y 36, con todo lo negativo o positivo que ello implica.

Sin embargo, las revistas, diarios, radios y canales de televisión que funcionan en Chile deben pelear diariamente por seguir en los kioskos o en el aire. Pero es en los medios escritos y radiofónicos en donde este fenómeno se presenta con mayor fuerza. Muchos de ellos deben hacer verdaderos malabares para tener anunciantes y subsistir ante la dinámica de un mercado feroz. Y, por lo menos en el caso de los escritos, deben enfrentar una cruda realidad: el chileno lee cada vez menos.

Es por eso que muchos de estos medios han desaparecido o han sido absorbidos por otros más grandes, por lo que al fenómeno de dificultad de publicar se le agrega el de la concentración de los mass media chilensis. En ese sentido, actualmente existen en nuestro país dos grandes consorcios comunicacionales: Copesa (dueña de los diarios La Tercera, La Cuarta; de la revista Qué Pasa, del canal de televisión La Red y de la radio Zero) y El Mercurio (empresa propietaria del diario del mismo nombre, de los periódicos La Segunda y Las Últimas Noticias, y de gran parte de los tabloides regionales de toda la nación). Eso, si no nombramos empresas como Cooperativa (radio Cooperativa; revista, canal y radio Rock & Pop) o como los medios estatales Televisión Nacional de Chile y diario La Nación (que muy independientes tratarán de ser, pero que a veces sucumben a la mano del gobierno).

¿Qué gracia tiene, entonces, intentar una aventura comunicacional en un país en donde las ganas de fundar y mantener medios de comunicación chocan con las dificultades antes mencionadas?

En rigor, quienes publicamos “En Órbita”, es algo que todavía nos estamos preguntando. Sin embargo, y pese a que aún no encontramos una respuesta satisfactoria, nos lanzamos en la dificil pero grata tarea.

Sabemos que Internet plantea muchas más posibilidades para dar a conocer ideas y noticias. Pese al esfuerzo que demanda el que usted, en este momento, nos esté leyendo, el costo económico que esto nos impone es bajísimo: aún se pueden encontrar soportes gratis o más baratos que el papel o la onda televisiva o radial. Además, tenemos el privilegio único de que nuestro mensaje tenga la posibilidad de llegar a cualquier país, al cualquier recóndito lugar del mundo en dónde exista un computador con módem y una conexión a la red.

Esto último nos plantea un desafío inspirador. Más allá de ser una postura “políticamente correcta”, hemos asumido con fervor la tolerancia y el respeto a las diferentes ideas, razas, religiones, culturas y comportamientos humanos. Nuestras páginas (web) van a ser la tribuna para que cualquiera que desee expresar su postura y sus sentimientos sobre un hecho o fenómeno en particular, lo haga de manera coherente, sólida y respetuosa. “En Órbita” quiere ser un espacio de comunicación, de reflexión y de debate acalorado, pero sin olvidar que, afortunadamente, nadie es dueño de la verdad absoluta.

También, nuestras páginas están abiertas a la inversión publicitaria de las empresas y particulares que deseen ponerse “En Órbita” para promocionar sus productos y/o servicios. Nuestro e-mail estará esperando impaciente la comunicación con todos quienes crean y confíen en este proyecto y lo apoyen con su publicidad.

Vistos los antecedentes, planteados los desafíos y deseos, está claro que el destino es incierto. Miles de razones podrían hacer que esta sea la primera y única vez que hagamos contacto. Sin embargo, asumimos el riesgo que eso significa y nos esforzaremos para que la vida de “En Órbita” sea larga y prolífica. Porque, aunque mucho nos hemos demorado en saber por qué hacemos frente a ese destino casi inevitable de gran parte de los medios de comunicación chilenos, sabemos que la respuesta está ahí... en algún rincón perdido del ciberespacio...

 

El equipo

 

 

Muchos de los medios chilenos deben hacer verdaderos malabares para tener anunciantes y subsistir ante la dinámica de un mercado feroz.

 

 


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